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Aquella chica que subía la escalera del autobús tenía ojos brillantes como sol de verano y pelo oscuro como noche lluviosa. Platónicamente ideal, la chica se aproximó tenazmente hacía donde estaba sentado Pablo, no con dureza y soberbia, si no mas con decisión. Algo que había permanecido impecablemente oculto en la vida de Pablo no había sido mas que su habilidad para auto-convencerse de un mundo sin maldad. Por eso aquella chica tendría su historia y Pablo la suya. Jamás sus vidas se cruzarían